Ángela Lascano, Estudiante de la Unidad Educativa San Luis Gonzaga

Este discurso es para todos nosotros. Para aquellos quienes saben del problema y creen que es imposible solucionarlo. Para aquellos a quienes todavía, los gritos de lamento de la naturaleza no han llegado a sus oídos. Y también para aquellos que buscan la oportunidad para generar un cambio. Hoy, es necesario decir que transformar al mundo, ya no puede ser solo es una frase inspiradora, se ha convertido en una urgencia.

Vivimos en un mundo poblado de 7550 millones de personas. La sociedad entera se ha encargado de que el individuo lleve a cuestas el peso de salvar al mundo de la contaminación. Cada día nos han dicho: recicla, rehúsa, reutiliza, y con estas tres palabras nos han concientizado a lo largo de los años. Y nadie lo niega, estas acciones, son importantes. Pero por más doloroso que sea, la verdad es, que no van a lograr el cambio que necesitamos, no, si no van unidas al reconocimiento de que somos parte de una sociedad, y que, como parte de ella, podemos y tenemos la potestad de exigir políticas que salvaguarden al medio ambiente y a nosotros como parte de la naturaleza.

Sin embargo, no nos engañemos. La razón por la que el discurso ecológico se ha mantenido estancado durante años, no es por falta de conocimiento. Para generar soluciones transcendentales, se tendrán que cambiar los cimientos en los cuales se asienta el sistema mundo. Y eso, en muchas personas causa terror. El sistema capitalista se ha encargado de que la naturaleza ya no sea vista como parte esencial de la vida, sino como una fuente de recursos para satisfacer el insaciable consumo, de una pequeña parte de la población ¿Sabían ustedes que si todo el planeta necesitara la cantidad de recursos que consumen en los Estados Unidos, harían falta 4,16 planetas Tierra para satisfacer las demandas de este consumo? Los recursos se agotan, y la brecha de desigualdad sigue aumentando. Apenas una quinta parte de la población consume cerca del 80% de las reservas del planeta, y es esta misma parte de la población, la que produce el 75% de las emisiones contaminantes.

Lo que me lleva a preguntar ¿Compartimos todos la misma responsabilidad en cuanto a cambio climático se refiere?

Siendo Ecuador un país pequeño, y exportador de petróleo, en el 2007, se creó la Iniciativa Yasuní-ITT, que pretendía dejar bajo el suelo 846 millones de barriles de petróleo a cambio de recibir de la Comunidad Internacional la mitad de lo que Ecuador hubiera generado al explotar las reservas de petróleo. La comunidad internacional como tantas otras veces, guardó silencio, y en el 2013 la iniciativa se canceló, como último recurso para solventar las necesidades de la gente. Hoy por hoy las políticas del Gobierno están lejos de buscar el bienestar del pueblo, y aún más lejos de ser responsables con la naturaleza. Durante estos últimos años, las petroleras han provocado la deforestación de más de 400 hectáreas de la Amazonía, causando también la contaminación de diferentes fuentes de agua. La biodiversidad de la selva se ha visto seriamente afectada, y las comunidades indígenas que habitan en estos territorios, han perdido sus viviendas y sus fuentes de alimento.

En el 2018 la minería a gran escala del país aumentó. El 14,8% del territorio nacional es parte de concesiones mineras. Cabe recalcar que esta minería es totalmente irresponsable, y además de ocasionar daños irremediables en el medio ambiente, no está dirigida a generar cambios sociales económicos. Todas estas decisiones solo benefician a las grandes transnacionales y a aquellos políticos que han dejado de lado su deber para con el país.

Cuando el Ecuador propuso la iniciativa del Buen Vivir, pocos de nosotros tomamos en serio la propuesta. Muchos la consideraron irrelevante. No nos dábamos cuenta del cambio que se estaba proponiendo: el cambio de la concepción de desarrollo, hacia un campo más amplio. Un cimiento donde se buscaba la transición desde una economía extractivista hacia una economía respetuosa con el entorno. Donde los derechos de la naturaleza y de las personas fueran respetados. Donde el crecimiento del capital dejara de ser un fin. Hoy, el Ecuador, ya no se basa en estos principios. Pero nosotros como juventud, podríamos volver a rescatar lo que hemos perdido. Exijamos políticas que promuevan una ecología integral, políticas que estén en armonía con la naturaleza pero que incorporen también las dimensiones humanas y sociales. Mostremos nuestro descontento ante planes que, egoístamente, se sostengan en la opresión de unos muchos para el contento de unos pocos. Opongámonos a proyectos neoliberales que perjudiquen la salud ambiental. Propongamos soluciones, levantemos la voz, hagamos que nos escuchen. Eduquémonos, que a menudo nos intentarán convencer que nuestras quejas no tienen fundamento.

Vivimos en un mundo lleno de injusticia, donde la riqueza es mal distribuida y el cambio climático que se está dando puede ser devastador. Toda la humanidad sufrirá, y las poblaciones más empobrecidas son las que estarán más vulnerables. La sociedad entera habla de progreso, pero pocas son las veces que se ha nombrado la justicia ambiental. Ha llegado la hora de hacer algo, o pronto será muy tarde.

El consumismo se ha apoderado del mundo. El sistema actual, ya no ofrece nuevas propuestas que puedan arreglar esta situación.

No toda la humanidad es responsable de la gran contaminación que sufre el planeta. La mayoría somos víctimas. Pero nos convertimos en cómplices cuando establecemos que no hay alternativas, que la situación es irremediable. Nos convertimos en secuaces del sistema, cuando decidimos conformarnos y dejarnos llevar por la corriente. No hay neutralidad posible.

La juventud, todos nosotros, pronto seremos los encargados de tomar las decisiones más importantes del mundo. Nos encontraremos de lleno con los problemas que nos han dejado los gobiernos de hoy. Nosotros vamos a vivir en ese futuro, tomemos cartas en el asunto.

#YoMeComprometo