Querida comunidad educativa, tengan todos muy buenos días y permítanme expresarles mi regocijo de poder saludarlos HOY a todos: a mis apreciados colegas docentes, compañeros del personal administrativo y de logística y, por supuesto, a ustedes queridos estudiantes de EGB Media, EGB Superior y de Bachillerato.

La actual situación del país exige el pensamiento serio, sereno y proactivo de quienes hacemos la patria   Esta frase, así como todas las que anteceden a los números de este acto y que Nadia irá leyendo, fueron expresadas por nuestro Padre Provincial, Gustavo Calderón, en dos comunicados (8 y 13 de octubre) que a nombre de la Compañía de Jesús, emitió al país y en los que nos exhortaba a buscar la paz con justicia hacia los más vulnerados y vulnerables de nuestra sociedad. En ellos recordó y enfatizó la segunda Preferencia Apostólica Universal: “Caminar junto con los pobres, loe descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia”.

Estos días hemos sido bombardeados por noticias e informaciones diversas sobre lo que estuvo pasando en nuestro país. Las redes tienen la magia de presentarnos mensajes jocosos, tiernos, groseros, absurdos, llenos de odio, exagerados, hirientes… en fin… y digo que es magia porque los mensajes por sí solos no son malos pero el efecto que causan en cada persona puede ser muy fuerte y aún más en el imaginario público, colectivo.

No se trata de juzgarlos (a los mensajes)  ni de encontrar a quién (detrás de ellos) tiene la razón, porque todas las personas la tienen, la tenemos: cada uno tiene su razón y la defiende a ultranza… y ese es el problema que yo quiero enfatizar, porque lo que sucedió en estas dos últimas semanas en nuestro país… y, sobre todo, en nuestra ciudad es algo que nunca imaginamos podía pasarnos, pero que todos hemos estado gestando silenciosamente de una u otra forma desde muchos antes…

Qué hemos visto: odio, ganas de lastimar, violencia, vandalismo, uso de la fuerza, desestimación del otro, burlas, desprecios, sentimientos todos que me han hecho pensary confirmar que definitivamente vamos contracorriente. Nosotros aquí en el colegio y espero que en todos sus hogares también, predicamos y les enseñamos a sentir y expresar precisamente los sentimientos antónimos de aquellos. Y cuando he pensado en esto no he podido menos que condolerme no sólo de los que sufrían allá afuera en las marchas sino de nosotros, de todos porque lo que pasó fue solamente el detonante de una crisis social que está germinando desde cada rincón de este mundo, yo le veo así y no sé si algunos o muchos compartan esta visión, pero es que la violencia está a flor de piel y brota en las situaciones más sencillas y cotidianas… es producto de la psicosis generada por muchos factores…

Cuando nos violentamos somos incapaces de valorar al otro, de respetarlo. Olvidamos que la forma de pensar del otro, aunque difiera de la nuestra es tan válida porque él tiene sus razones, su punto de vista.

Somos un país pacífico… eso nos hemos dicho siempre. Y sí tal vez sea cierto, por eso hoy estamos nuevamente aquí, comenzando de nuevo; pudimos detenernos a tiempo.

Pero y si vuelve a suceder? Lo más probable es que la próxima vez sea peor. Y ante esta posibilidad he pensado en tantos países que viven en guerra en el África, en Medio Oriente, aquí en nuestra América y me ha estremecido pensar que seguramente ellos empezaron así como estuvimos nosotros la semana pasada: con un conflicto en el que nadie quiso ceder y llevó a solucionarlo a la brava. Espero sea solo exageración mía, pero es también una posibilidad…

Perdonen esta suerte de desahogo, que quiere simplemente decirles que ustedes niños y jóvenes de nuestra patria, deben ser mejores que todo eso. Recuperen la capacidad de ver más allá de los intereses personales, sean capaces de pensar en el bien común, en el bienestar del otro. En estos días de ocio me dediqué al cine (contar la anécdota) y las películas que vi todas tenían algo fatalista: premoniciones sobre lo que pasará en nuestro planeta en los próximos años, el futuro que nos anuncian no es bueno, es caótico: guerras, destrucción, hambrunas, más desplazamientos, violencia civil, más desigualdad y lucha entre clases…

Y los científicos y eruditos dicen que las probabilidades de que todo eso ocurra son muy grandes, son muy ciertas… y de alguna manera, nos están avisando.

Por favor, atendamos a los signos de los tiempos, no pensemos que a nosotros nada nos va a pasar. Ya nos están pasando cosas y no les prestamos la suficiente atención. No desperdicien las oportunidades que tienen de construir una vida y una sociedad mejor para todos. Prometan que nunca más el país pasará por algo como lo ocurrido pero háganlo desde su compromiso personal de aportar a que la equidad y la justicia lleguen, que nuestro Ser más para servir mejor no sea un lindo lema sino una realidad encarnada en sus vidas.

Aquí en el colegio seguiremos educándolos para que sean buenas personas según el modelo que todos ya deben conocer: conscientes, competentes, compasivos y comprometidos (decir algo al respecto de esto: cada palabra habla por sí misma).

Y ahora vamos a cantar el Himno Nacional, pero quiero pedirles que lo hagamos expresando verdadero amor por el país. Sintiendo orgullo de ser ecuatorianos, pensando no en los problemas que tenemos (qué nación no los tiene) sino en todo lo bueno que poseemos, si sirve, piensen en algo bonito del Ecuador (una playa, una ciudad, un personaje, su familia, su barrio, un plato típico, una costumbre, una tradición, un dicho, una planta, un animal, cualquier cosa) que les evoque sentimientos gratos hacia este país en el que han nacido.

Cantemos el Himno en homenaje a todos los ecuatorianos, aún los que están fuera del país, porque todos hicimos patria en estos días, y la hicimos mientras sufríamos al ver el país roto, separado y maltratado; porque estoy segura que no hubo un solo ecuatoriano que no haya deseado que el conflicto se solucionara y la paz regresara.

Muchas gracias por su atención.