El Ecuador vive momentos cruciales en los que todos sus habitantes estamos llamados a pensar en el bien común y en el país que deseamos construir.

Gustavo Calderón Schmidt, S.J.

Al reencontrarnos después de los 12 días de paralización nacional, hemos decidido reunirnos en un acto cívico para reflexionar sobre los acontecimientos, reconocer las acciones que, como obra jesuita, la Unidad Educativa San Luis Gonzaga ha llevado cabo en solidaridad con los más desprotegidos en estas jornadas, unirnos en oración de reconciliación y paz y cantar nuestros himnos patrios con esperanza de construir una nación más humana.

La rectora de nuestra institución abrió el acto al recordarnos el llamado del Padre Provincial, Gustavo Calderón, a «buscar la paz con justicia hacia los más vulnerados y vulnerables de la sociedad», mensaje que emitió a través de comunicados la semana pasada. Palabras que nos hacen pensar en la segunda Preferencia Apostólica Universal: «Caminar junto con los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia».

También nos motivó a ser testimonio del respeto hacia las opiniones y realidades diferentes; a hacer un compromiso personal de «aportar a que la equidad y la justicia lleguen, que nuestro ‘Ser más para servir mejor’ no sea un lindo lema sino una realidad en nuestras vidas».

María José García y Mateo Garzón, educadores ignacianos, compartieron su experiencia de solidaridad y lucha en los centros de ayuda humanitaria; junto con otros ciudadanos pusieron su tiempo, esfuerzo y voluntad para brindar buenas condiciones de vida a los manifestantes que fueron acogidos en las diferentes zonas de paz.

Los estudiantes de tercero de Bachillerato también tuvieron oportunidad de expresar su sentir ante la violencia que envolvió al país los últimos días. Lamentaron las pérdidas que sufrimos, la falta de empatía que los ecuatorianos demostramos a través de críticas, rumores o agresiones y el poco amor que profesamos al país en donde nacimos. Pero pusieron su confianza en que el presente es el tiempo preciso para construir una sociedad transparente, que mire más allá de los privilegios; que nuestras obras sean el mejor testimonio de la intención de ser piezas de cambio; que la educación en conocimientos y valores ignacianos nos garanticen que nunca más se vuelva a repetir un episodio así.