Acompañamiento

En general, se entiende por acompañar en el ámbito educativo al estar con el/la estudiante, apoyándolo con amor en el encuentro y desarrollo de todas las dimensiones de sí mismo. Es situarse junto al estudiante (niño, niña, adolescente o joven) como compañero de camino, estableciendo relaciones profundas de diálogo y amistad, relaciones de compañía que permitan a cada uno crecer y compartir recíprocamente sin que cada uno (tanto acompañante como acompañado) deje de ser lo que es.

En este contexto propiamente educativo, y para que sea de estilo ignaciano, el acompañamiento es un proceso contrario al esquema de ser atendido desde fuera, desde otra persona distinta al mismo acompañado; esto supone que quien se deja acompañar (el estudiante) sabe adónde quiere ir, aunque tenga sus pausas y rodeos; por tanto, no es el acompañante quien determina la meta y la velocidad del camino, únicamente se puede acompañar a aquel estudiante que quiere emprender aquel camino y acepta ser acompañado. Nunca se puede olvidar que siempre el estudiante es quien toma las decisiones, quien resuelve los problemas y quien asume una responsabilidad por sí mismo.

A través del acompañamiento, tanto personal como grupal, se transmiten valores, proponiendo modelos de identificación que le posibilitan al acompañado la construcción de su propia personalidad.

No se debe confundir entre el seguimiento, la tutoría, el apoyo psicopedagógico y el acompañamiento. Su gran diferencia es que los tres primeros suponen una posición del adulto de estar adelante, atrás, arriba o debajo de quien se observa y su actitud siempre es directiva porque actúa desde cierta problemática del estudiante que debe ser resuelta; en cambio en el acompañamiento, supone estar al lado de quien se acompaña y con una disposición de descubrimiento continuo. Esto infiere una actitud abierta a la construcción responsable que debe hacer el acompañado con su propia historia, para facilitar el desarrollo de su autonomía.

Con todo esto no se pretende demeritar la labor que cumplen otros modelos, los cuales tienen muchos efectos positivos en varias escuelas o modelos pedagógicos; sin embargo, el ideal de una propuesta educativa inspirada en la Espiritualidad Ignaciana (y su aplicación: el Paradigma Pedagógico Ignaciano), la educación personalizada, el constructivismo y atravesada por las Dimensiones de la Formación Integral, es que esté permeada por una actitud y una experiencia de acompañamiento.

 

MODELO

INTERÉS

PARTICIPANTES

Seguimiento

  • Vigilar el cumplimiento de la normatividad del centro.
  • Velar para que el estudiante no realice “nada malo”.
  • Problemas disciplinarios
  • Los docentes del centro educativo en tanto tengan figura de autoridad.
  • Resalta la figura del Inspector

Apoyo psicopedagógico

  • Brindar al estudiante una orientación frente a problemas personales que atraviesa, en tanto que se evidencian en su rendimiento académico.
  • Problemas personales.
  • Los docentes del centro educativo en tanto perciban dificultades y remitan el caso.
  • Resalta la figura del Psicólogo educativo.

Tutoría

  • Mejorar en el estudiante el desarrollo de destrezas cognitivas que eleven su desempeño académico.
  • Problemas académicos.
  • Los docentes del centro educativo siempre y cuando sean tutores de estudiantes o grupos.
  • Resalta la figura del Coordinador de tutorías o Coordinador Académico.

Acompañamiento

  • Ayudar al estudiante en el proceso de búsqueda, conocimiento y aceptación de sí mismo, de conciencia de su situación, relaciones y responsabilidades, con realismo y actitud de sana superación (autonomía).
  • Desarrollo de la persona.
  • Los educadores ignacianos en tanto tengan alguna relación con el estudiante, sea académica o no.
  • Resalta la figura del acompañante personal y grupal.

 

Objetivos del acompañamiento

El primer cometido básico del acompañante es ayudar al otro (normalmente estudiante, aunque también en sentido estricto puede tratarse de padres de familia u otros compañeros educadores) a hacer el descubrimiento de su propia originalidad personal, a aceptarse con profunda gratitud, esperanza y responsabilidad en su concreta y específica singularidad, incluida la parte que podría parecer "sombría" de la persona: que el otro se descubra como "riqueza singular", cargado de valores y positividad, como tesoro divino; y que se inserte en un grupo-comunidad que le sirva de plataforma de contraste e identidad.

Tratar de ayudar a discernir la voz de la vida en plenitud, en medio del griterío de otras voces: ayudarle a acertar con la propia realización personal y a descubrir su vocación específica en la comunidad es la tarea cumbre de un buen acompañamiento.

El acompañamiento ignaciano procura sacar a la persona de la dispersión en la que vive y ayudarle a conseguir un sentido unificador de su vida: que el/la estudiante que es acompañado/a sepa leer su propia vida, en totalidad. Ayudarle a liberar el corazón de todas las ambivalencias, vinculaciones afectivas y opciones basadas en intenciones no tamizadas por los valores auténticamente humanos.

No “trata” exclusivamente de los problemas que vive el/la estudiante sino que se constituye en una relación sana y libre en todo momento de la vida. Por tanto, el acompañante no se condiciona únicamente al ámbito de desempeño escolar-cuantitativo sino revisa las actividades o compromisos estables de la persona (estudio, trabajo, familia, barrio, tiempo libre, uso de medios, etc.), para ayudarle a caminar en una dirección de integración de cultura-vida-fe, acción-diversión-servicio, comunidad-espacio personal...

El papel del acompañante es confrontar siempre a su acompañado con la verdad. Escucha cuando expresa sentimientos de alegría o desaliento, llevándolo a que encuentre detenidamente las causas de tales sentimientos, que pueden ser necesidades insatisfechas. Si es un estudiante que tiene problemas en su proceso educativo, el acompañante charla amablemente, ayudándole a revisar sus errores y animándole a mejorar.

En el ámbito escolar se construye la identidad y la tarea de los educadores ignacianos es acompañar a los estudiantes al encuentro con ellos mimos y con la vida que van decidiendo vivir.

Resumiendo, el acompañante ignaciano ayuda, en el caso de los estudiantes, a:

  • Conocerse y aceptarse mejor a sí mismos, ser conscientes de sus propias responsabilidades y situaciones, con realismo y actitud de sana superación.
  • Mejorar en sus relaciones familiares, a crecer en el diálogo y confianza con sus padres.
  • Alcanzar sus metas de desarrollo de integración social con compañeros, con apertura de trato y comunicación escolar y extraescolar.
  • Tomar decisiones responsables en la elección de alternativas académicas, aficiones culturales, pertenencia a grupos y organizaciones con objetivos propios, entre otros.
  • Volverse consciente de sus dificultades académicas (hábitos de estudio, relaciones con el profesorado, metodología y motivaciones).

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